Nueva Doctrina Militar en México

 

Por: Atilio Alberto Peralta Merino

Desde la perspectiva de su formación castrense y dada su basta experiencia en el área de seguridad e inteligencia, Jorge Carrillo Olea nos dice en relación a la “guerra civil” en Ucrania lo siguiente:

“Es exigido pensar desde los campos de la diplomacia, la política y la ciencia militar sobre qué ejércitos, de qué características y sobre todo, con qué misiones serán las fuerzas armadas del futuro de cada país.

Puede estudiarse a ejércitos actuales que tienen un diseño tradicionalista, más propio de experiencias que le fueron ajenas: Segunda Guerra Mundial, Corea. Hay desfases entre su perfil y las realidades actuales.

Hay mucha historia qué estudiar para nutrir el convencimiento de que a ciertos países les urgen ajustes doctrinarios, legales, orgánicos, educativos, programáticos y presupuestales. Tarea que demanda certidumbre, compromiso y esfuerzo para entender lo que parece ser el fin de una era.”

Años atrás, Robert Kaplan había advertido en su libro “Gruñidos Imperiales”, que las Doctrinas militares bajo las cuales se había conformado la OTAN en 1948 resultaban obsoletas ante los diversos episodios concatenados en la región de los Balcanes durante la década del 90, a su dicho, las referidas Doctrinas estaban diseñadas para “la guerra que nunca iba a librarse”

Al decir del propio Kaplan, la nueva Doctrina de “la guerra desde abajo”, tuvo su primera prueba demostrativa en la implementación del “Plan Colombia”, siendo ésta la perspectiva adecuada para afrontar los retos que habrían de desplegarse a partir de entonces.

La actual situación en Ucrania parece poner en entredicho lo aseverado por Kaplan, aunque ofrece luces sobre lo que puede ser el teatro de operaciones de la “posguerra formal”, en donde el enfrentamiento asimétrico habrá de cobrar, con toda seguridad, enorme relevancia.

En nuestra región, el gran aliado estratégico del ex presidente Felipe Calderón es detenido en Tegucigalpa a unos cuantos días de dejar el cargo en Honduras con el propósito expreso de extraditarlo a Estados Unidos en donde su hermano fue ya sentenciado por cargos de narcotráfico en la Corte de Distrito de Nueva York, en cuya jurisdicción, por lo demás, habrá de ventilarse el próximo 24 de octubre la audiencia inicial del juicio que habrá de seguirse a Genaro García Luna.

Hoy por hoy y entre nosotros, la advertencia que al efecto formula el general Carrillo Olea exige revisar el pasado reciente del país, cunado, al unísono de que se desplegaba una campaña de comunicación social desde las más altas esferas del poder para enfrentar al ejército con la marina armada de México, se conformó en la policía federal una milicia que acaso llegó a superar en número de efectivos a las fuerzas armadas del país.

Cuadro que terminaría, por lo demás, con una purga dirigida desde esas mismas esferas en contra de altos mandos del ejército, propiciando el encono y la división entre éstos, mediante un proceso con pruebas inventadas que culminó en un absoluto descrédito; en tanto que los jefes policiacos cercanos a García Luna contaban con una fuente inagotable de liquidez financiera derivada de su colusión con las actividades criminales, según parece indicar el hecho de que dichos jefes se encuentran a la fecha, prácticamente todos ellos o al menos los más destacados, sujetos a proceso por acusaciones en dicho sentido.

Las trasformaciones que la actualidad imponen a las fuerzas armadas del país, habrán acaso de transitar de manera obligada por el frágil andamiaje del aparato de procuración y administración de justicia, exigiendo al unísono la transformación de éste.

El reto avizorado por Carrillo Olea no es menor, y exige, a no dudarse, un sacrificio por parte de las actuales generaciones propio de un auténtico escenario de guerra.

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