Pleitos entre Empresarios y Gobiernos, la salsa de la vida

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Jorge Marcelino Alejo

La pregunta a Emilio Goicochea entonces presidente de la Confederación Nacional de Cámaras de Comercio, Servicios y Turismo –Concanaco- fue así:

-¿Señor Goicochea hasta cuándo se van a terminar los pleitos entre Empresarios y Gobierno. Todavía no terminan un asunto y ya están en otro?

Don Emilio lanzó mirada escudriñadora al reportero y le torció.

– ¿Es usted casado?

El periodista se turbó. Era de un diario nacional. Titubeó por un momento pero alcanzó a decir: “No señor, no”.

Con palabras más, palabras menos, el líder nacional del comercio respondió con aplomo.

-Si estuviera casado entendería mejor lo que le voy a decir. Los Empresarios y el Gobierno, la economía y el sector público somos como un matrimonio, nos necesitamos uno al otro, de ahí que los pleitos siempre van a estar ahí, son la salsa de la vida. Lo importante es que como matrimonio no fallemos a la familia que es el país. El compromiso es serio.

Emilio Goicochea presidió la Concanaco en el periodo 1982-|1984, y desde esos años en que cubría para El Sol de Puebla las Asambleas Nacionales de la citada Confederación, la experiencia fue en dos vertientes. Una, que el periodista debe estar presto al revire, porque se dan casos en que los interlocutores gobernantes incluidos, reconvienen a los reporteros y hasta los intimidan.

La segunda es que de aquella fecha, a lo largo de casi 40 años, he constatado que en efecto los pleitos entre empresarios y gobiernos están ahí, con sus vaivenes y estridencias. En ocasiones estiran tanto la liga que parece romperse, pero no. Más bien, el balance debía enfocarse a cómo y cuánto se ha transformado el país por esos pleitos, pues cuando no son por salarios a trabajadores, son por impuestos o trabas burocráticas, o por 720 millones de dólares de universidad privada y unos miles de metros de terreno donados en tiempos idos, como ocurre ahora en Puebla.

Los pleitos de empresarios y gobiernos, con sus personajes, sus humores y estilos, bueno, hasta su lenguaje, son parte del anecdotario matrimonial-empresarial-gubernamental. Si se permite la frase.

Y si los pleitos van a seguir como un matrimonio del factor económico con el quehacer gubernamental, donde las partes se necesitan y se complementan, deseamos ver que esas broncas sean por cómo acabar con el desempleo, cómo lograr que la planta productiva trabaje al cien por ciento; cómo lograr que el pago de impuestos sea equitativo, cómo evitar que no se apliquen las mismas tasas impositivas a la empresa multinacional que a la micro empresa. En fin.

¡AH¡ pero que no se ignore un detalle.

Si los pleitos son la salsa del matrimonio, las reconciliaciones son también deliciosas. De ello hay constancias, en las “lunas de mieles” de empresarios y gobiernos, a los primeros les han cedido Regidurías, Diputaciones Locales y Federales, Senadurías, alguna gubernatura; uno que otro funcionario público.

A lo mejor en la esperada reconciliación, puede haber unas curules disponibles en el 2024.

M E M O R A N D U M

PÉRDIDAS

El ¡“Yo agregaría no matar”! del Arzobispo Víctor Sánchez Espinosa, a la frase del Presidente Andrés Manuel López Obrador de “No mentir, no robar y no traicionar”, estremecerá por mucho tiempo a la feligresía católica, al ciudadano común y especialmente, a quienes toman las decisiones que impactan a la humanidad. Fue angustiante su llamado a detener la violencia, que registra un centenar de muertos cada día en el país.

Aparte están los decesos y estragos que causa del Covid19.

Si levantar la voz no ha bastado para poner tope a las muertes violentas, que dejan pérdidas humanas y económicas, entonces habrá que gritar lo necesario y que cada cual haga lo que le corresponde.

Démosle la vuelta a aquella sentencia tan realista que dice: Para que el mal triunfe solo basta que el bien no haga nada.

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