Y que lo corren

EN LAS NUBES

 

Carlos Ravelo Galindo, afirma:

Del dulce poder de la amabilidad.

Y en tono al discurso íntegro del señor de la mañaneras en la Casa Blanca, en Washington, que compartimos, nos responde don Domingo Beltrán, gentil lector:

“No tenía el placer de conocer el contenido total de este super discurso. Qué manera de enfrentar al gigante oculto que quizás esperaba a un presidente sumiso y servil.

Sería muy sano conocer el de la contraparte, muchas gracias por compartirlo”.

Ojalá y lo consigamos don Domingo.

 

Con su habitual cordialidad nuestro amigo el embajador emérito don Antonio Pérez Manzano, continúa nuestra platica sobre la diplomacia.

Nos revela otras anécdotas sucedidas, en el medio.

No les gustó uno de los artículos titulado:

El Hombre que se quiso Igualar a Dios:

Sí y que corren a don Ernesto.

“Yo me conformo con dar en estas páginas, una visión, así sea pobre y débil, de la democracia que florece en la República Dominicana.

En los riñones del hemisferio, en las avanzadas del Atlántico, un hombre bestia –el Generalísimo de los Ejércitos Dominicanos y Benefactor de la Patria, Gran Cruz del Valor, Doctor y Académico, don Rafael Leónidas Trujillo y Molina-, más feroz que Hitler, más ridículo que Mussolini y más traidor que Franco, oprime a un pueblo hace más de diez años”.

Ese artículo originó la destitución del periodista Ernesto Madero   de la Embajada de México en Cuba. Era canciller o escribiente de oficina.

“Otro caso excepcional nos dice don Antonio es el que durante cierta plática personal me confió don Ernesto Madero Vázquez, estimado embajador mexicano, quien realmente amaba el Servicio Exterior, pero en el camino encontró muchas dificultades y tuvo que sufrir serias limitaciones.

La anécdota viene al caso porque don Ernesto tenía interés por ingresar al SEM y en el fondo pensaba que por su prestigio como periodista y militante de la Confederación de Estudiantes Socialistas de México (1936), podía aspirar a ingresar en un puesto con categoría diplomática.

Asimismo, en su historial aparecía que, como corresponsal del periódico “El Nacional”. Ernesto Madero viajó a España en 1937, para efectuar reportajes sobre la Guerra Civil que se vivía en dicho país.           En cierta ocasión que concedió una entrevista Ernesto Madero dijo: “Trabajaba en El Nacional -cuando éste era el órgano del presidente Cárdenas- y era dirigido por Héctor Pérez Martínez.

Esa fue mi primera misión internacional tenía 24 años y estuve en el frente, como ayudante de Siqueiros, quien tenía una gran personalidad para conducir a sus hombres como coronel.

Siqueiros, como se recordará, era militar de origen. Estaba parado junto a Obregón cuando le “volaron‟ el brazo.”

En otra oportunidad en que charlábamos, el Embajador Madero le dijo al que esto escribe: “No, Compañero: ¡No es lo Mismo Empezar Desde Abajo!”

Con la expresión anterior, se refería a cierta confusión circunstancial, que se produjo entre él y su hermano Luis Octavio Madero (“El Güero”, como le decía de cariño), quien para esas fechas ya había publicado varias obras literarias.

De su carrera diplomática, don Ernesto Madero narraba un acontecimiento que tuvo con el presidente de la República, General Lázaro Cárdenas.

Lo acompañó su hermano Luis Octavio Madero, también periodista.

El señor presidente estaba muy complacido por los

reportajes de Madero, sobre el conflicto en España.

Por dicha razón el mandatario dio órdenes a un oficial del Estado Mayor Presidencial, para que fuera al domicilio del “periodista y escritor Madero,” para decirle que quería platicar con él.

Se encontraba en casa Luis Octavio y al preguntarle si él era el escritor Madero, respondió afirmativamente.

Acto seguido lo condujeron ante el presidente, sin conocer el motivo del llamado.

Como resultado de la conversación sostenida, Luis Octavio Madero salió a Barcelona, España, como Cónsul General de México (1938), donde desempeñó un importante papel, a pesar de los rigores de la guerra.

Sobre la equivocación del nombramiento de Luis Octavio como Cónsul General, don Ernesto confesaba que sentía “envidia de la buena”, por lo que le dieron a su hermano, pues él también anhelaba ser representante de nuestro país en el exterior y no perdía las esperanzas de lograr algún día esa meta.

Ocurriría tiempo después.

Primer Nombramiento en el Servicio Exterior Mexicano. Sería hasta el 1º de marzo de 1939, cuando “la Revolución le hiciera justicia”

Por esas fechas, fue nombrado en La Habana, Cuba, como “Canciller de Tercera Interino”. Es decir, “escribiente de oficina”

Por esa razón y por todo lo que tuvo que pasar, para años después llegar a embajador, se justifica el dicho: “No es lo mismo empezar desde abajo.”

Entre otras actividades que le permitía el Jefe de Misión, don Ernesto escribía artículos para la revista mexicana “HOY”, la que publicó una serie dedicada al dictador Rafael Leónidas Trujillo, presidente de la República Dominicana.

No fue del agrado del gobierno caribeño y presentó una

queja ante la Secretaría de Relaciones Exteriores.

No les gustó uno de los artículos titulado:

El Hombre que se quiso Igualar a Dios:

“Yo me conformo con dar en estas páginas, una visión, así sea pobre y débil, de la democracia que florece en la República Dominicana…

Salgan ahora a la luz –estas páginas- como una aportación más a la tarea de denunciar ante la conciencia americana, la existencia y manejos de los verdaderos nazis que minan nuestro Continente con mayor vigor aún que el de los quinta columnistas al servicio de Hitler, Mussolini y de Franco.

En los riñones del hemisferio, en las avanzadas del Atlántico, un hombre bestia –el Generalísimo de los Ejércitos Dominicanos y Benefactor de la Patria, Gran Cruz del Valor, Doctor y Académico, don Rafael Leónidas Trujillo y Molina-, más feroz que Hitler, más ridículo que Mussolini y más traidor que Franco, oprime a un pueblo hace más de diez años.

Un hombre-bestia cuya locura sifilítica, ya comprobada científicamente, le ha llevado a proclamarse por disposiciones

oficiales, igual a Dios”.

Como consecuencia de lo anterior, el joven canciller fue separado del SEM, lo que sucedió el 24 de septiembre de 1943.

Meses después fue reintegrado (al terminar la 2ª Guerra Mundial), y también enviado a Londres, Varsovia y Moscú, donde la vida era muy difícil en muchos sentidos”.

Ese era un gran periodista y escritor, añadimos nosotros con respeto.

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