EN LAS NUBES. Un tema inagotable, como la noche triste

 

 

Carlos Ravelo Galindo, afirma:

Al buen español, puerta franca. Al gachupín. Pon la tranca.

Mejor, nosotros, sigamos con la historia que acabó en la noche triste, allá en Tacuba.  Y qué mejor como en concierto, con dos pianistas en un teclado.

Como Julio César en la Batalla de Zela unos 1,500 años antes, Hernán Cortés vino, vio y venció, en su caso a mexicas y tlatelolcas.

Pero entre la actual raza mexicana no hay aprecio por este militar peninsular, porque nos sentimos identificados nada más con los pueblos originarios -en cuyo territorio vivimos- y no con los invasores españoles a pesar de nuestra naturaleza mestiza.

Le comentamos que en la actualidad el único interés por el conquistador está en el ámbito académico, cuando menos dentro del Centro de Estudios de Historia de México (CEHM) que patrocina la fundación del multimillonario Carlos Slim.

Entre 2014 y 2020 hubo en ese Centro tres ciclos de conferencias acerca de Cortés, con la participación de 16 calificados historiadores y cronistas.

Como les decíamos, con dos historiadores. A los que al principio califiqué de concertistas.

Para documentarse al respecto, José Antonio Aspiros se remitió a numerosas fuentes, entre ellas las reseñas de su esposa Norma Vázquez Alanís reunidas bajo el título México desde Chimalistac, en referencia al exclusivo barrio donde se ubica el CEHM en la Ciudad de México.

En una de esas charlas, el estudioso Christian Duverger, graduado en La Sorbona, dijo que Cortés se pronunció “a favor del mestizaje” y expresó su deseo de “tener descendencia mestiza”.

Mientras que, como informó la agencia Notimex, el diputado local tabasqueño León Flores Vela, se quejó de que “fuimos” (¿fuimos?) “colonizados por la peor de las razas, que son los españoles”.

En España sólo queda de Hernán Cortés la pila donde fue bautizado en Medellín, porque hasta la morada en que nació fue destruida durante la intervención napoleónica de 1809.

En México subsisten la Casa de Cortés, hoy museo en Cuernavaca (no así la casa de Coyoacán por ser muy posterior, del siglo XVIII) y el Hospital de Jesús fundado por él en la capital del país y donde hay un busto suyo, en tanto que el estado de Veracruz con capital del mismo nombre se llama así, en atención a cómo designó el personaje a la primera ciudad europea en este continente: Villa Rica de la Vera Cruz.

Está bien que en el Paseo de la Reforma, la principal avenida de la Ciudad de México, exista un monumento en memoria de Cuauhtémoc, el último y efímero rey mexica (no ‘azteca’ según Miguel León Portilla) derrotado por Cortés.

Y a cinco siglos de distancia es mejor que no se le haya hecho algo similar al capitán español, pues hubiera tenido la misma suerte que la estatua de Miguel Alemán en Ciudad Universitaria (la dinamitaron) o la de Cristóbal Colón en dicho Paseo de la Reforma, que fue dañada por grupos indígenas cuando se cumplió en 1992 el quinto centenario del descubrimiento de América.

Actualmente en resguardo.

En Lima, capital de Perú, hay desde 1935 una estatua del también conquistador español Francisco Pizarro, pero en medio de gran polémica ha sido cambiada varias veces de la plaza central de la ciudad a lugares menos destacados y “corre una leyenda urbana según la cual la estatua (representa) a Hernán Cortés”, ya que estaba destinada a México, pero como fue “rechazada por el orgullo mexicano, fue a parar a Lima, que la habría acogido bajo el nombre de Pizarro”.

Tal versión es incorrecta y la fuente consultada (http://www.limalaunica.pe/2010/11/el-monumento-francisco-pizarro.html) explica por qué.

Pero los restos de Cortés sí están en México, “en situación semiclandestina y, nunca mejor dicho, por un verdadero milagro”, según escribió Manuel Lucena Giraldo en el diario conservador español ABC (08/04/2019).

Cortés murió en España y sus despojos estuvieron en varios sitios antes del actual, la capilla del Hospital de Jesús, un inmueble poco visible desde la calle, rodeado de comercios, y muy cerca de donde el invasor tuvo su primer encuentro con Moctezuma.

¿Por qué no queremos a Cortés?

Según el doctor en Derecho Rafael Diego-Fernández Sotelo, “si hay dos personajes polémicos en la historiografía de Latinoamérica, son Hernán Cortés y Cristóbal Colón, y en el caso de México es muy curiosa la relación, pues el vínculo con Cortés es de odio, de culparlo de la destrucción de nuestras (sic) culturas y casi de todos nuestros males”.

Por su parte María José Encontra y Vilalta, doctora en Historia por la Universidad Iberoamericana, acepta que “hay muchísimos desacuerdos sobre la vida de Cortés” y “existen autores que han denigrado completamente la imagen de este hombre, que fue producto de su época y no podemos restarle importancia”.

Y explica que esa satanización nació en el siglo XIX, “de la famosa historiografía positivista proveniente en parte de ese proceso conocido como la Independencia. Esa es la historiografía que predomina el día de hoy en la historia de México, impuesta por el modelo oficial imperante por dos siglos”.

Con ella coincide la cronista de la Ciudad de México, Ángeles González Gamio, quien discurre que en la época independiente se desató un odio exacerbado contra Cortés, pues los anti hispanistas lo consideraban causante de todos los males de México.

Pese a ello, descendientes actuales de Cortés y Moctezuma se reunieron el 8 de noviembre de 2019 para intervenir en un documental, en el mismo lugar que lo hicieron sus ancestros hace 500 años.

Federico Acosta, de la familia de Moctezuma II, y Ascanio Pignatelli, de la de Cortés, se dieron un abrazo en un acto simbólico.

Acosta dijo en esa ocasión que somos la fusión de dos culturas y la gran mayoría de este país tenemos sangre española y mexicana.

Y se negó a opinar sobre la solicitud de perdón a España que hizo el presidente Andrés Manuel López Obrador, “porque eso es un tema que tiene que ver con el gobierno de México (y) yo solamente represento a mi familia».

El controvertible tema resucitará inevitablemente en 2021, pues el mandatario mexicano quiere que sea el Año de la Reconciliación, mientras el presidente de la Sociedad Mexicana de Historiografía Lingüística, doctor Rodrigo Martínez Baracs, opinó que a nadie se le ocurre que el año próximo se vaya a conmemorar el quinto centenario de la conquista de México.

El tema es casi inagotable.

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