EN LAS NUBES. La historia de México 2 (dos)

Carlos Ravelo Galindo, afirma:

Aportamos un comentario, tal como nos lo pide el secretario general del Club Primera Plana, vicepresidente de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, e historiador chiapaneco don Virgilio Arias Ramirez.

La autodeterminación de los pueblos, como nos explica el escritor en su análisis, permitirá, ojalá, terminar con la pobreza, el vandalismo, el robo, la mentira, el crímen, la violación y el secuestro.

En una palabra: la corrupción.

Acabamos de dar lectura al espléndido trabajo, adjetivo a propósito, y nos surgió la frase del asesinado en Tijuana Luis Donaldo Colosio: “Veo a un México con hambre y sed de justicia…” Justa aún.

El gobierno actual, a mitad del camino, sigue como un atisbo de esperanza, pese a los aún enemigos de los depauperados y pobres a quienes combaten los poderosos señores del dinero.

Al compartir las reflecciones acerca de las revoluciones, que gentilmente nos dedica bajo el título de “LAS REVOLUCIONES DE MEXICO: 1810, 1857 Y 1910. REFLECCIONES ACERCA DE LAS REVOLUCIONES “Al Decano del Club Primera Plana y Maestro en periodismo Carlos Ravelo Galindo”, podemos con gratitud añadir:

Cuanta sabiduría popular nos marca el camino.

Algunos problemas sociales son universales, y lo que sucede en un lugar, es o será conocido en otras sociedades.

Así un movimiento o una revolución que busca un cambio en la estructura social, es o será una aspiración generalizada en otras.

Esto es lo que nos enseña la ciencia de la historia, una de las tres que según Napoleón Bonaparte debía estudiarse, además de la matemática y la geografía.

¿Pero qué es una rebelión?

Es el hecho de una persona o un grupo de personas que se rebelan y desobedecen a la autoridad.

Es un descontento, que puede ser pacífico o violento, legítimo o ilegítimo.

¿Y qué es un movimiento social?

El término fue introducido por el sociólogo Lorenz von Stein en 1846, en su obra «Historia de los Movimientos Sociales Franceses desde 1789 hasta el Presente (1850)»[1].

Que dice: “Es un movimiento social básicamente como, una aspiración de sectores sociales (clases) para lograr alguna influencia sobre el Estado, debido a las desigualdades económicas.

Así, por ejemplo, la aspiración del proletariado a lograr representación en los sistemas de gobierno”.

Ahora bien, ¿qué es una revolución social y qué persigue? Definiciones hay muchas, pero tomamos la dictada por la investigadora de Harvard Theda Skoocpol, que dice:

”Es un cambio nacional, rápido, fundamental y violento de los valores y mitos detonantes en la sociedad, en sus instituciones políticas, estructura social, liderazgo y actividades políticas gubernamentales”[2].

LAS TRES REVOLUCIONES DE MÉXICO

Recordamos que la gran Tenochtitlán cayó un 13 de agosto de 1519, ante el asedio de los europeos: españoles, portugueses, italianos, alemanes, y de otras nacionalidades que vagaban en Cuba, quienes llegaron a las playas de México, con armas de guerra como se acostumbraba en Europa, estrategia militar y la cruz para bendecir lo que realizaran los conquistadores.

Pero, además, sabemos que fueron los propios cacicazgos nativos los que hicieron la conquista, para librarse de la dominación de los mexicas o aztecas, imperio que los mantenían sometidos y a quienes pagaban altos tributos.

Fueron casi 300 años de esclavitud, de 1519 a 1810 en que un grupo de mexicanos, después de muchas reuniones, propuestas de acción e incluso aportaciones económicas, es decir, esfuerzo y sacrificios personales.

Llegaron a la conclusión de que era hora de poner fin a la bárbara dominación, ejercida por un virrey nombrado desde España, su ejército y la voz de los altares,  que marcaban a los nativos como animales,

Y si los declaraban herejes por la “santa inquisición” su destino era morir en la hoguera.

Esta organización en muchos casos tenía más poder que el mismo rey, como sucedió en Barcelona, España en 1,329 bajo la corona del rey Alfonso IV de Aragón.

El ilustre sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla Gallaga, en la madrugada del 16 de septiembre proclama la independencia de la Nueva España en el pueblo de Dolores, hoy de Hidalgo, Gto., fue un grito de angustia que reflejaba la cruel esclavitud que sufría la población.

Cierto es también, que fueron muchos los mexicanos iniciadores de la independencia.

También existe el supuesto de que al padre Hidalgo lo reprobaron por su pertenencia a la masonería, del rito Escocés Antiguo y Aceptado, incluso el general Ignacio Allende y el estratega José María Morelos y Pavón, líder en la Solemne Declaración de Independencia de la América Septentrional quien sí hizo una propuesta de Estado, en el Congreso de Anáhuac del 6 de diciembre de 1813 y que sus resultados fueron: “Los Sentimientos de la Nación”.

Luego  en el Congreso de Apatzingán del 22 de octubre de 1814, el Decreto Constitucional para la libertad De la América Mexicana.

Los tres revolucionarios se iniciaron en la logia “Arquitectura Moral”, ubicada en las calles hoy de Bolívar, de la Ciudad de México, así lo asienta el historiador José Ma. Mateos[3].

Por cierto, el gran líder de Centro y Sur América Simón Bolívar, dijo que los libertadores de México fueron: Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende, José María Morelos y Pavón, Mariano Matamoros y Vicente Guerrero.

Y cuando los líderes revolucionarios: José de San Martín, Sucre, Bernardo O´Higgins y Francisco de Paula Santander, le aconsejan que se convierta en emperador, declaró: “No quiero ser Dictador como Napoleón Bonaparte, un César como Nerón y ni un Agustín de Iturbide que se hizo coronar emperador”.

Bolívar conoció bien a Iturbide cuando pasó por la Ciudad de México y se reunían en la casa de la Güera Rodríguez y en Hispanoamérica, la palabra libertad ya era una aspiración desde 1780, cuando el indígena inca Tupac Amaru había decretado la abolición de la esclavitud negra por primera vez.

Fue lamentable que en 1823 se diera la primera fractura de los fundadores de la república, debido a la intromisión del ministro norteamericano, Joel R. Poinsett, con su lema el “Destino Manifiesto”.El trajo el Rito masónico York, en cual se iniciaron los generales Guadalupe Victoria y Vicente Guerrero, pero tenían en contra al general Nicolás Bravo del Rito Escocés y Anastasio Bustamante, tres veces presidente de México, de triste memoria por lo siguiente:

Fue un soldado que combatió al gran Morelos en el sitio de Cuautla, amigo del realista Félix María Calleja y de Agustín de Iturbide.

En 1831 Bustamante, paga $50,000 pesos al marinero italiano Francisco Picaluga, quien invita a su barco al general Vicente Guerrero haciéndolo prisionero y el 14 de febrero de 1831 es fusilado con falso juicio[4], en Cuilapan, Oaxaca.

Ambos ritos tenían la meta de imponer su ideología en el manejo de la política del país, por eso al poco tiempo surgió la necesidad de formar en 1925 un tercero que se denominó Rito Nacional Mexicano, conformado por masones que no coincidían con ninguno de los ritos citados.

Pretendían la unificación de los masones mexicanos y la creación de un modelo político y de gobierno propio de México.

Este rito estaba compuesto por nueve grados siendo el más alto el de “Caballero del Águila Mexicana”

La doctora Cristina Gómez, académica de la Facultad de Estudios Superiores de la UNAM, explica que la idea de una independencia del virreinato estaba sembrada en la colonia y en la iglesia católica con el proyecto de formar una nación diferente a España.

“En el caso de la nueva España sucede un fenómeno muy interesante.

 Es que el poder colonial, el poder que sostenía el dominio colonial aquí en la Nueva España decide impulsar la independencia y así tenemos que muchos funcionarios coloniales deciden impulsar, lo mismo la oligarquía criolla o sea la mayoría de los ricos de la nueva España con fuertes intereses económicos deciden también construir una nación diferente a España.

Por supuesto la iglesia católica, el alto clero y el ejército y el jefe de esta rebelión es el coronel Agustín de Iturbide”.

Hechos que registra  la historia, el 3 de agosto de 1821 Juan O´Donojú, representante de las Cortes Españolas llega a Veracruz, con la representación de capitán general y jefe superior político de este reino, el día 5 expresa a Iturbide su deseo de dialogar, y el 24 del mismo mes firman los “Tratados de Córdoba” con 17 artículos, y uno de ellos dice:

“Quien deseoso de evitar los males que afligen a los pueblos en alteraciones de esta clase y tratando de conciliar los intereses de ambas Españas, Proclama: por la Nueva España la independencia de la antigua, teniendo un ejército que sostuviese este pronunciamiento”.

Cabe anotar que O´Donojú, era de alta jerarquía masónica en España y se considera que eso ayudó para lograr la independencia de México.

El 24 de agosto del 2021 se cumplió el bicentenario de este acontecimiento.

Lo anterior doblego el yugo colonial, pero no fue fácil consolidarlo, porque como en toda sociedad hay diversas ideas, que se confrontan por circunstancias diversas.

En este caso fue la traición de Agustín de Iturbide, quien engaño a O´Donojú, al congreso, al ejército y al mismo general Vicente Guerrero, proponiendo las tres garantías:

“Religión, Independencia y Unión”, y entra a la Ciudad de México con el ejército Trigarante un 27 de septiembre de 1822 (día de su cumpleaños).

Mediante su plan, un antiguo subordinado Pío Marcha, con otros soldados ebrios salen a la calle gritando ¡viva su alteza serenísima! y al mismo tiempo, en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, las campanas se  echaban al vuelo.

LA REVOLUCIÓN DE AYUTLA Y SUS CONSECUENCIAS

El gran libertador Simón Bolívar, había expresado: “Cuando la tiranía se hace ley, la rebelión es un derecho”, esto lo podemos aplicar al dictador Antonio López de Santa Anna, déspota que propició en México el movimiento revolucionario por la pobreza y hambre de la población mexicana.

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Este alzamiento que buscaba el derrocamiento de López de Santa Anna, se inicia en el H. Congreso del estado de Jalisco y le siguió el Congreso de Chiapas, cuyo presidente era don Ángel Albino Corzo, revolución que hacia septiembre del 55 es apoyado por todos los estados de la república.

Al triunfar, es nombrado el 4 de octubre como presidente interino el general Juan N. Álvarez, quien establece su gobierno en la Ciudad de Cuernavaca, Mor. y surge la primera consecuencia, porque el 22 de noviembre de 1855, se decreta la Ley Juárez, con la cual se suprimen el fuero eclesiástico y el militar.

Escribe Alejandro Rosas en su libro Los presidentes de México: “Nunca antes presidente alguno había logrado reunir en su gabinete tantos hombres tan brillantes para la política y la administración pública como lo hizo Álvarez.

Ignacio Comonfort ocupó el Ministerio de guerra; Melchor Ocampo, el de relaciones exteriores; Guillermo Prieto, el de hacienda; Benito Juárez, el de Justicia.

Con un respaldo de esa magnitud, y en los escasos dos meses que duró su gobierno, el presidente tomo dos medidas fundamentales para el país: convocó a un Congreso constituyente y abolió los fueros militares y eclesiásticos[5]

Y el cometario anterior es muy válido, porque Ignacio Comonfort, nacido en Amozoc, Pue., como presidente interino del 1º. de noviembre de 1855 al 30 de noviembre de 1857, con sus asesores liberales, decreto las leyes siguientes:

25 de junio de 1856 ley de desamortización de bienes de la iglesia, llamada también ley Lerdo;

17 de septiembre de 1856 suprime la orden San Francisco, al descubrirse en el convento una conspiración de clérigos en contra del gobierno;

27 de enero, ley del registro civil;

30 de enero de 1857 se pone en vigor la ley de secularización de cementerios;

5 de febrero de 1857 se promulgó la nueva constitución;

11 de abril de 1857, el decreto que prohíbe la coacción civil para el cobro de las obvenciones parroquialeS.

Y el 17 de diciembre de 1857, se enfrenta a Félix María Zuluaga, quien se  levantarse en armas con el Plan de Tacubaya.

La historia registró que atrás de Zuluaga estaban los conservadores como Miguel Miramón, mientras que el lado liberal lo encabezaba don Benito Juárez García y un amplio grupo de reformistas.

Así llegamos al punto de una clara división de dos fuerzas radicales: la iglesia católica ligada al Vaticano, los conservadores que vieron mermados sus intereses políticos y económicos, militares indecisos y en la otra, los liberales que habrían de enfrenar una larga lucha en bien de la república, bajo la presidencia de Benito Juárez.

Así el 6 de abril de 1859, Juárez recibe a Robert McLane, ministro de Estados Unidos, significando un reconocimiento de su gobierno; y se publican los decretos siguientes:

12 de julio de 1859 ley de extinción de órdenes monásticas y nacionalización de los bienes eclesiásticos.

23 de julio de 1859, ley del matrimonio civil.

28 de julio de 1859, ley del registro civil y 31 de julio de 1859, ley sobre secularización de cementerios.

Con la victoria, el presidente don Benito Juárez entra a la Ciudad de México el 11 de enero de 1861; pero el 17 de julio, debido a la penosa situación del erario público, el Congreso decreta la suspensión del pago de la deuda externa por dos años.

El 31 de octubre de 1861 los gobiernos de España, Inglaterra y Francia, firman la convención de Londres para reclamar a México el pago de la deuda, si es necesario con fuerza armada.

En diciembre de 1861 y enero de 1862, desembarcan las tropas de Inglaterra, Francia y España en el puerto de Veracruz.

Conflicto que después de varios años de lucha, termina en el cerro de Las Campanas, Querétaro, con el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo, los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía.

Y seguimos mañana con la historia

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