Crónica taurina del escándalo Marín-Kamel-Cacho de 2006

*Insiste el Ayuntamiento en Prohibir la fiesta brava

Por Raúl Torres Salmerón

Con el título Una Crónica Taurina Inacabada… el miércoles 8 de marzo de 2006, el autor presentó en lenguaje propio del ambiente de la fiesta brava, los escandalosos sucesos originados por la publicación en el diario La Jornada, de la llamada telefónica del Gobernador Mario Marín Torres y el empresario Kamel Nacif respecto al asunto de Lydia Cacho.

Es oportuno repetir la columna por la detención en Acapulco del ex Gobernador Marín y en vista de que los regidores de la Comisión de Servicios Públicos aprobaron el miércoles prohibir las corridas de toros en Puebla Capital y cuyo dictamen se turnará a la próxima sesión del Cabildo, aún sin fecha. La fiesta en Puebla Capital tiene los días contados.

A continuación, la crónica escrita en aquel tiempo:

En el Café Fornos de Madrid, el novelista Ramón del Valle Inclán, le dijo a Juan Belmonte: Juanillo: ya no te falta para ser inmortal, más que mueras en el ruedo. Con su tartamudeo característico, Belmonte contestó: Se hará lo que se pueda, don Ramón.

En el fin del invierno poblano, ya muy próxima la primavera, el cálido cielo poblano empieza a disfrutarse. Días alegres, noches frías y calladas.

Días en que la política y los toros han llegado como nunca a Puebla.

Luego de tremendas luchas internas entre los políticos de los principales partidos poblanos, se consolidó como torero triunfador Mario Marín, “El Pequeño Gigante del PRI”.

Política y toros van de la mano, ya lo hemos dicho; el lenguaje taurino es aplicable a la política, como los términos dominio, elegancia, arte, majeza, valor, aguantar, templar, mandar, echarse para adelante, poderle a los toros, pero la fama y el dinero tienen sus costos, las cornadas.

En memoria de don Ricardo Morales, “Cañero”, (qepd), quien fuera cronista taurino de El Sol, escribimos esta crónica del encierro de 6 toros 6, con el torero de la tierra Mario Marín, originario de Natívitas Cuautempan, Coyotepec, quien antes de llegar como triunfador se desempeñaba como un torero muy conocedor, con mucho corazón, cubría los tres tercios de la lidia, hacía faenas a todos los toros, combinaba el toreo clásico con el toreo de poder y era certero estoqueador. Su ideal de torero en ese entonces era Eloy Cavazos.

Pero esta corrida de 6 toros 6, ha adquirido tintes dramáticos. Lo que parecía ser una corrida con ganado a modo para los grandes triunfos, se ha vuelto una verdadera pesadilla. La ganadería se llama Puebla, con divisa verde, blanco y rojo. Ya se sabe que los toros no tienen palabra de honor.

La corrida fue organizada por la Plaza de Toros de Puebla El Relicario a cargo de la empresa poblana Nueva Generación, SA de CV.

Oficia en esta encerrona el Notario Público, ahora con permiso y oficina cerrada, Mario Marín, un combativo torero de los tres tercios.

Los sobresalientes son ahora Javier López “El Chiapaneco” y Mario Montero “El Senador”, antiguos banderilleros de su cuadrilla.

La cuadrilla del diestro, cambió mucho. Antes figuraban como apoderado: Javier López Zavala. Banderilleros: Valentín Meneses Rojas, Lauro López Sánchez y Alejandro Armenta Mier. Picadores: Mario Montero Serrano y Fidencio Romero Tobón. Banderilleros y picadores, se sienten ahora toreros caros.

Los servicios de la plaza también han cambiado:

Juez de Plaza: No se ve claramente quien está al frente.

Juez Inspector de Callejón: Parece que no hay.

Jefe de Monosabios: Juan Manuel Vega “El Diputado”.

Servicio Médico de Plaza: Parece que no hay nadie.

Encargado de Mulillas y Tiro: Maximiliano Silerio, “El Duranguense”.

Jefe de Arreadores: Víctor Manuel Giorgana Jiménez, “El Trascendido”.

Jefe de Veterinarios: Doctor Germán Sierra Sánchez, “El Engañado”.

Cambiador de Suertes: Javier García Ramírez, “El Diezmo”.

EL INICIO DE LA CORRIDA

El inicio de la corrida fue normal. Plaza llena debido a la publicidad. El primer toro de nombre “Trabajador”, era un torito recortado, de buena estampa, con cuatro años cumplidos, negro mulato, bien puesto de cuerna.

En el primer tercio, “El Pequeño Gigante” lo recibió con verónicas apretadas, echando la pata ‘adelante. Lo picaron dos veces y realizó los famosos quites de su invención: el de la transparencia y el del nuevo horario, que resultaron vistosos, con señorío y aplaudidos por el respetable.

En banderillas se adornó, clavó tres pares: de poder a poder, de dentro hacia fuera y al quiebro. La faena de muleta fue aseada. Dobló al morito, luego a base de empuje le caminó toreramente y realizó una faena preciosa. Fue el héroe.

Al entrar a matar Marín, el burel fue “avisado” por una espectadora Lydia Cacho, quien desde el tendido gritaba. Llegó la policía y fue remitida al juzgado calificador. El escándalo duró poco.

En ese momento el diestro metió la estocada hasta los gavilanes, pero fue alcanzado por el pitón derecho y fue zarandeado. Casi al mismo tiempo cayeron el torero y el toro. Le dieron una oreja ganada a ley.

Y salió “Pederasta”, enmorrillado, de feo aspecto, negro como toda la camada, con más de 500 kilos y una encornadura impresionante. Parecía un auténtico miura. El torero no pudo meterlo al capote, bailoteó todo el tiempo. Salieron los picadores y hubo dos aparatosos tumbos. Aquello se convirtió en herradero.

El diestro fue empitonado varias veces, sin mayores consecuencias, al igual que algunos miembros de su cuadrilla. El terno del matador se rompió. El toro rasgó los capotes de la peonería. Como pudieron, a paso de banderillas, al relance y clavando una sola banderilla, pasaron el tercio.

El matador no brindó. En el último tercio, solo frente al toro, al inicio de la faena de muleta, Marín ordenó llevar al toro al lado de sol y se alejó de los exigentes aficionados de sombra. Sus partidarios de sol le festejan todo. Los pases ya no son preciosos ni heroicos. La plaza está crispada.

La espectadora Lydia Cacho volvió a los tendidos y la apoyan los cronistas taurinos y un numeroso sector de sombra. La porra y la contra porra gritan desaforadamente. Los insultos escandalizaron a los presentes. Otro espectador, un tal Kamel Nacif, salió corriendo de la plaza. Niños y niñas presentes, lloraban.

De repente, como surgida de la nada, la corrida es transmitida a nivel nacional en directo y a todo color por las empresas televisoras, La radio no se queda atrás y los medios escritos mandaron a sus enviados especiales.

Del sector de sol, surgen gritos a favor del torero. El público de sombra sigue denostando al diestro, donde los gritos y los chiflidos no cesan. Un sector que encabeza Luis Mora Velasco, “El Coparmexe” encabeza a los asistentes y se la pasan con denuedos y señas obscenas y gritan “confianza, confianza” y “vete, vete”.

En ese ambiente, el jefe de la cuadrilla abandona la plaza. El encargado de llevar buenas relaciones con la empresa, las porras, las contra porras, los sectores desarrapados de sol, la gente bonita de sombra, en medio de la bronca, abandonó la plaza –faltaba más–, se trata de Rafael Moreno Valle Rosas “El Cinco Dedos”.

Junto con él se fueron de la plaza los novilleros sedientos de gloria: Leticia Jasso Valencia, Hugo y Cupertino Alejo Domínguez, Jesús Huerta Carrera y Guillermo Aréchiga Santamaría, apodados “Los Maestritos 1, 2, 3, 4 y 5”, respectivamente.

Rafa, típico diestro agitanado, de súbito dejó el ruedo y aventó los trastes. El clásico berrinche. Se quejó de que no lo dejaban torear. Pretendía llegar a torero caro en esta plaza, pero argumentó a voz en cuello que no lo dejaron los banderilleros marinistas.

Del tendido en su lugar brincó, sin vestido de luces, Pericles Olivares Flores, un torero poderoso con el nombre más antitaurino que haya habido, quien bajó a hacer labores de auxilio al matador Marín.

En los palcos de sombra, los viejos aficionados recuerdan los viejos tiempos del empresario Melquiades Morales “El Melquias”, con temporadas de toros inolvidables.

Incluso hasta Francisco Antonio Fraile García, “El Caudillo”, originario de Huajuapan de León, Oaxaca, pero vecino de Puebla desde hace muchos años, quien no rehuyó corrida alguna y hasta aguantaba las embestidas de toros cebúes o criollos, se presentó en el ruedo poblano acompañado de dos botellas de cognac que no compartió con nadie, prestadas por el restaurante “Senado de la República” y las regresó intactas.

Muerto de la risa, un ex torerillo de poca monta, Luis Eduardo del Sagrado Corazón Paredes Moctezuma, “El Loco”, oculto en un palco, pues anda exiliado, comentó socarronamente a sus íntimos: “Me han superado en mis tardes de gloria”.

Incluso señaló, que hasta olvidaron a los famosísimos Forcados del Amor de triste memoria, aquellos torerillos municipales que les pegaban a sus mujeres, las engañaban y perseguían a sus secretarias.

Quien no recuerda al Cabo de Frente: Rubén Ramírez Aguilar “El Golpeador”, quien fue mozo de estoques del matador Paredes; el Cabo de Cara: Sebastián Pérez “El Vividor”; entre los garotos (muchachos) destacan los rabilleros David Díaz “El Enamorado”, Alejandro Castillo “El Libidinoso”, y Javier Cabrera “El Destrampado”.

La bronca de la plaza es tal, que entre las propias cuadrillas marinistas surgen los problemas. El diestro Enrique Doger “El Henry” se hizo de palabras fuertes con “El Chiapaneco” Javier López Zavala. Varios aficionados impidieron que llegaran a los golpes debido a la pasión. A falta de médicos, almas piadosas han llamado a muchos doctores, pero ningún especialista llega.

Como el juez de plaza no aparece, la afición, la empresa y el torero piden la intervención de la justicia de otros lados. Todos consultan el reglamento. Los nuevos aficionados están aterrados.

Hasta aquí la crónica de la corrida, llena de emoción, peligro y mal fario.

Los viejos aficionados no recuerdan nada igual, con corridas y toreros como Mariano Piña “El Rapiña” o Manuel Bartlett, “Sismo y estatua” y “Ave de las Tempestades”.

Los ahora viejos toreros Antonio Nava Castillo y Rafael Moreno Valle, “Los Generales” y Gonzalo Bautista “El Cazador”, armaron tremendas broncas, pero nada comparable.

Hay quien dice que Maximino Ávila Camacho –allá por los 50’s del siglo pasado– hacía lo mismo y cosas peores en Puebla y Teziutlán, pero nadie protestaba y menos lo recuerdan. Otros comentan que se han quemado plazas por las protestas del público. Hay temor de aquí suceda lo mismo.

Pero en los toriles esperan enchiquerados cuatro toros de lidia ordinaria y un reserva:

Héroe. Un negro zaino de 580 kilos, de encornadura playera (altos y vueltos), astifino. Se asegura que dará buen juego, hasta que se agote. El ganadero asegura que saldrá suelto después de todos los lances.

Vocero. Quizá el más chico del encierro, 530 kilos, al parecer reparado de la vista, negro zaino.

Corrupto. Se le notaba resabioso e inquieto en los corrales. Es un tío con toda la barba. Dicen que hará honor a su nombre.

Precioso. Un toro con edad y trapío. Alto de agujas y largo como ferrocarril. Aún antes de lidiarlo se nota que ha desarrollado sentido (embiste al bulto). De color negro y cierra plaza.

Coñaquero. Es el toro de reserva o sobrero. Un toro chico, corraleado (que ha estado mucho tiempo en los corrales de la plaza), nunca está quieto, de gran fuerza y con cara y cornamenta muy seria. Se duda que haya toro de regalo.

En fin como escribió Juan Pedro Domecq y Díaz (España 1913-1975) en el Reto del Maletilla:

¡A cuerpo limpio te reto,

el que gane se la lleva!

¡A ver si tienes riñones

y cuelgas de tus pitones

la flor de mi vida nueva!

¡Ja, toro!, ¡toro!, ¡torillo!

¡Vamos a ver si es verdad

que tienes en tus cuchillos

dos muertes por estrenar!

Quiebro en el claro de luna.

Por testigos, dos luceros.

Al quite, dos capotillos:

el ángel de los toreros,

y el de los pobres chiquillos

que no conocen el miedo.

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